martes 18 de marzo de 2008

LO QUE LA MÚSICA PUEDE HACER

El pasado domingo 16 de marzo, los colombianos vibramos de emoción y orgullo patrio al apreciar el concierto "Paz sin fronteras" que fue convocado por nuestro adorado Juanes para mostrarle al mundo entero, desde la frontera colombo venezolana, que nuestros pueblos quieren paz.


Mientras disfrutábamos de las canciones de Juan Luis Guerra, Luis Fernando Velasco, Miguel Bosé, Alejandro Sanz, Ricardo Montaner, Carlos Vives y por supuesto Juanes, pensaba en que cada colombiano, cada ser humano puede, desde su vocación o actividad diaria, aportar a la tan anhelada paz en nuestro país.


Los menos optimistas dirán que se necesitan el dinero, los contactos, la influencia, la amistad, la fama y quién sabe que más dones para hacer posible un acto tan maravilloso como el que vimos el pasado domingo. Sin embargo, creo que Juanes simplemente, haciéndole caso a su sentido patrio, apeló a lo que sabe hacer: cantar.

Porqué entonces, si sabemos que tenemos a nuestro alrededor amigos, contactos, influencia, liderazgo, no pensamos en la manera de unirnos a este grupo de compatriotas que a través de conciertos, marchas, jornada de lecturas, nos han demostrado que se puede lograr tocar el corazón de las personas y llevarlas a la reflexión, a una demostración pacífica de la inconformidad?.

Muchas veces nos quedamos sólo como espectadores y aplaudimos con cierta nostalgia las iniciativas de los demás. Qué bueno que pudiéramos armarnos de valor y pensar desde nuestra cotidianidad alguna estrategia que al menos llevara paz y comprensión a aquellos que nos rodean.

viernes 23 de noviembre de 2007

PORQUE USTED LO HA PEDIDO

Por eso tiene lo que se merece. Por eso, cada vez que recibe su salario le alcanza menos y en vez de crecer su cuenta de ahorros, crecen sus deudas. Porque usted lo ha decidido, tenemos nuevamente en muchos de los cargos públicos de nuestro país a personas que quizás no sólo han comprado votos, sino también vidas y conciencias.

Gracias a que usted no votó en las elecciones del 28 de octubre, todos los que cumplimos con el "sagrado deber del voto" como nos lo enseñaron hace muchos años nuestros abuelos, nos estamos resignando a seguir probando suerte con la "carita bonita de turno", con el "encantador de serpientes" y con el que promete todo lo que en pocas semanas olvidará.

Este país, estas ciudades, estos pueblos colombianos, merecen un cambio, un mejor mañana lejos de clientelismo, corrupción, deshonestidad, violencia, ilegalidad, violación de derechos humanos, impunidad, en fin, politiquería barata y mentirosa. Pero, como siempre, los que seguimos soñando con despertar de este marasmo político, de esta falta de identidad y de sentido patrio, continuaremos obligados a pensar que, ahora no fue, pero que dentro de 3, 4, 5 ó 6 años, todo podrá cambiar, que el país podrá al fin mejorar.

Y no es que tenga un repentino ataque de pesimismo, no. Estoy convencida que sólo las personas responsables de sus actos no tienen remordimientos y que eso mismo, les da derecho de decirles en la cara a los demás lo que piensan, sin tapujos ni miedos. Porque sencillamente, el pueblo tiene los gobernantes que se merece. Y si hoy en día, por fin, de forma increible ciudades como Cartagena y Barranquilla lograron vencer a las típicas maquinarias y caciques políticos, fue porque sencillamente, los ciudadanos votaron, y a conciencia.

Por eso, puedo seguir confiando en la capacidad de mis conciudadanos en reaccionar, en ser conscientes de su poder para el cambio, del autónomo ejercicio de su responsabilidad social. Porque usted no lo ha pedido, me atrevo a censurar su conducta, si este 28 de octubre, prefirió como tantos otros, darse vuelta en la cama y darle la espalda al futuro de esta nación, que así, le duela reconocer, es la que disfrutarán o de la que renegarán mi hija, sus hijos y quién sabe, cuántas generaciones más.

lunes 10 de septiembre de 2007

Amores difíciles

Cómo duele entender que el amor es cosa seria, que no puedes volver el tiempo atrás y que por más que lo desees, mientras no cures nos dolores internos, mientras no aprendas primero a quererte a tí mismo, mientras no espantes los demonios y fantasmas de amores pasados, no podrás aprender a amar sinceramente a alguien más.

Sólo cuando pasan varios años y comienzas a comprender que el amor va más allá de un compromiso, de un papel firmado, de la bendición de un sacerdote o del lazo invisible que teje entre dos seres un hijo, empiezas a entender que el amor que más buscamos, la pareja que más quisimos, quizás se escapó por la ventana mientras nosotros le abríamos la puerta a otra equivocada relación.

Los amores son difíciles, las relaciones son complicadas. Lo veo día a día en las historias asombrosas de mis amigos, en las ilusiones rotas de mis amigas, en las parejas equivocadas de algunos cuantos, en los sueños por realizar de mis sobrinas, en las esperanzas de aquellos que tienen planes para casarse, en la dulce mirada de aquellos que por primera vez pueden tener entre sus brazos a su hijo recién nacido.

No puedes dar de lo que no tienes y como cosa curiosa, en cuestiones del amor, recibes lo que te mereces. Ni un poco más ni un poco menos, sólo cosechas lo que has sembrado y si en estos momentos estás solo o sola, acompañado o acompañada, al borde el abismo o a las puertas del cielo, si hoy derramas las lágrimas que ayer otros derramaron por tu causa, créeme, tú solo te lo has buscado, sin ayuda de nadie. Por mérito propio, como resultado quizás de tu inmadurez o de prepotencia, de tu falta de cariño, de tu ignorancia para entender los sentimientos de tu pareja, de tu falta de amor por tí mismo, porque de eso deriva que no puedas dar amor a los demás.

Amores difíciles, relaciones conflictivas, sueños rotos... cómo es de fácil cambiar estas experiencias, cómo es de sencillo encontrar el camino correcto, cómo es de fácil volver a sentir mariposas en el estómago con solo escuchar su voz... encuentra el camino hacia tí mismo, perdónate, quiérete y no convenzas a nadie de lo que en realidad no eres... quizás este sea el primer paso para volver a sonreir, a creer en el amor.

Cuando el infinito se mezcla con lo mínimo...

Me enseñaste que el amor no tiene egoísmos y por eso no importa la hora, la tarea, el dolor, el trabajo, porque el estar acompañado en este momento por la persona que amas, hace que todo sea más fácil y hasta divertido.

Me enseñaste a no pensar en el mañana porque lo más importante es el presente y he aprendido a convivir con la idea de que, a parte de ser más sana esta actitud, te permite disfrutar a plenitud cada segundo, cada suspiro, cada beso.

He aprendido que compartir un paquete de papas fritas y una cerveza en la banca de un parque es tan delicioso y agradable como disfrutar el más suculento plato en un exclusivo restaurante.

He disfrutado al escuchar que lo que alguien siente alguien por ti, se puede plasmar en la más bella melodía, en la más tierna canción.

Has podido darme razones para sentir la piel de otra manera, el placer en otras dimensiones y el amor con un significado más real, más tangible.

He hablado contigo de los temas más diversos y he podido aprender y entregar mis opiniones sin miedo a reproches, sólo con el ánimo de llenarme de motivos para conocer cada vez más de las cosas tan absurdas o tan interesantes, tan banales o tan trascendentales que nos ocupan muchas veces.

He sentido que la risa, el miedo, la complicidad, el llanto, la impotencia ante lo que no se puede cambiar, la esperanza por lo que puede llegar, la depresión, hasta la infinita felicidad se viven a tu lado de una manera diferente, quizás hasta más manejable…de un modo que cada vez llena más mi día a día.

He entendido que para crecer como dos, pueden estar tres, cuatro, cinco o más llenando tus minutos, contagiándote con sus planes, con su esencia, con sus chistes (algunos más flojos que otros), sus discursos, su música, sus fantasmas y sobre todo sus sueños.

Te tengo presente en mis minutos y cada hora a tu lado, estando de acuerdo o no con lo que me dices, me han hecho entender que querer con el alma y con la razón sí es posible .Que el infinito se mezcla con lo mínimo y que el para siempre está a la vuelta del mañana.

Me has hecho mirarme, sentirme y reflejarme con otros ojos, le has dado cuerpo a muchos de mis sueños y solo espero que a lo largo del camino, haya puntos de encuentro entre mis sentires y los tuyos… porque lo que sientes me importa, lo que puedo darte me llena y lo que planeemos, así no lo creas, quizás goce de un 60 por ciento de posibilidades de realización.

Gracias por estar ahí, gracias por no estar cuando he tenido que estar sola, gracias por ser parte de mis sueños y al mismo tiempo compartir mis pesadillas, gracias por amarme tanto y por demostrarme con realidades que se puede querer, sin pensar en el mañana.

sábado 25 de agosto de 2007

Hablar con el corazón

Una tarde, casi sin querer, escuché una conversación telefónica de mi hija de 6 años con una compañerita del colegio (sí, a esta edad ya el teléfono es parte vital de sus vidas) y oí cómo toda la conversación giraba en torno a que su amiguita no soportaba a una compañerita de la ruta del bus que las lleva al colegio todos los días.

Natalia, mi hija, le hablaba a su amiguita de un manera tan hermosa, tan madura, y la aconsejaba diciéndole que debía aceptar a la niña, que esta era más pequeña y ellas más grandes, por lo tanto debían comprender su actitud. Lo que más llamó mi atención es que natalia le decía:"Mira, es tu decisión, pero yo te aconsejo que hagas esto..." y "respeto lo que decidas, eres mi amiga pero creo que debes..." quedé perpleja por un momento y entonces entendí en ese mismo instante que pese a la inexperiencia en la gran tarea de se madre, estaba criando a mi hija de la mejor manera. Que quienes la rodeábamos en casa, en el colegio, estábamos sembrando en ella el respeto por la opinión del otro, el cariño aunque existan las diferencias, el valor de la amistad y la responsabilidad ante las actuaciones del otro, especialmente si este otro está equivocado, si este otro es nuestro amigo.

Al final, cuando colgó el teléfono, me le acerqué, le pedí excusas por haber escuchado su conversación y la felicité. Le dije que estaba muy orgullosa de ella por la forma como había aconsejado a su amiguita. Ella, con esos ojazos que tiene me miró con dulzura y me sonriendo me respondió: "no es nada raro mamá, sólo le hablé con el corazón"... se imaginan cómo quedé yo mientras la veía alejarse bajando las escalas?. Los niños saben más que nosotros, sienten con más pasión que nosotros y ante todo, hacen caso de todo aquello que les enseñamos y que en la medida que vamos creciendo olvidamos. Porque son pocas las veces en que les hablamos a los otros con el corazón...

Enfermo del alma

Estar enfermo del alma va de la mano de estar enfermo del cuerpo. La enfermedad, y en algún lapso de la misma, la cercanía a la muerte, son situaciones que ponen a prueba nuestras creencias, nuestra confianza y nuestra fe en nosotros mismos y en ese alguien superior e infinito que guía y acompaña nuestras vidas.

¿Qué tan sanos somos espiritualmente?, ¿Podemos apartarnos del dolor físico y ver en el alma una prueba del amor de Dios? ¿Porqué nos deprimimos y perdemos la esperanza cuando vemos cómo nuestro cuerpo reacciona negativamente a la medicina humana? ¿Será que ésta no es efectiva por sí misma cuando lo que estamos tratando de curar es nuestra conciencia, nuestra alma?

Cuántas inquietudes suscita en nosotros todo lo que se refiere al dolor, a la muerte, a la incertidumbre ante los hechos que no podemos cambiar. Que inclementes nos afectan, nos duelen, y nos llevan a pensar porqué ese ser infinito a veces parece ensañarse con las personas más bondadosas, que más lo han seguido, que han sido modelo de vida para nosotros y para muchos más. ¿Porqué ese ser infinito pone a prueba a aquellos que creemos más cercanos a él?.
Lo más complicado es entender porqué estas personas que tanto admiramos muchas veces, en los momentos difíciles, de inmensa soledad y dolor, pierden sin querer su fe en él.

Las preguntas siguen y las respuestas no llegan. Y en esa medida, la incertidumbre se hace más grande y solo quedan dudas ante lo que definitivamente no podemos ni creemos entender. Quizás todo, como nos lo han enseñado muchas veces, es simple cuestión de fe.

miércoles 18 de julio de 2007

La razón y la locura

Qué delgada es la línea que divide la razón de la locura. En minutos, pasamos del bando (de los cada vez más escasos) mentalmente sanos, al de los perdidos sin remedio, mal llamados dementes...

Pero, quién, en medio de este caos de mundo, es totalmente cuerdo?, quién no ha estado eufórico por tonterías? quién no ha intentado o al menos pensado en algún momento que lo mejor es que su vida se termine de una vez? quién, llevado por sus peores o mejores razones, no ha sentido ganas de matar, aniquilar o borrar a otros del mapa? quién no ha hecho locuras por amor?, quién no ha llorado sin motivo?, quién no se ha deprimido?

La razón y la locura dominan nuestra vida por turnos. Y vivimos sujetos a esos turnos, sin siquiera ser conscientes del momento en que cruzamos esa "línea", cada vez más difusa, más débil, más tenue... ¿quizás más atrayente?

Esa línea separa dos mundos: el que amamos y el que más tememos. Porque el segundo es el que muestra lo que realmente somos, el que está lleno de nuestros miedos, de nuestros peores instintos, donde habita el otro, el que escondemos, el que solo sale a la luz cuando estamos solos, desconectados de nuestro rol, el que no se fía de nuestras caretas y nos escupe con crudeza nuestra realidad. El que nos dice lo que no queremos saber, lo que nos rehusamos a aceptar, el que nos hace darnos vergüenza por lo infames, mentirosos o mezquinos que podemos llegar a ser.

En ese mundo encerramos al que no le da miedo hacer el oso, al que habla incoherencias o habla solo, al que no es perfecto, pero que a pesar de todo, anhelamos dejar a salir, porque a veces es más libre que nosotros mismos, que vivimos atados a las razones de otros, a la cordura de otros.

El amor y los sentimientos, el trabajo y nuestras obsesiones, la desesperanza y los malos recuerdos pueden enloquecernos, eso nadie puede negarlo, pero el ser totalmente cuerdos, en esta sociedad de locos, también.